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Economías de monocultivo. Se siembra y cosecha corrupción
Por Ana Camacho


 


Análisis / Corrupción


PACTO DE INTEGRIDAD
Economías de monocultivo, se
siembra y cosecha corrupción

Por Ana Camacho • 03-11-2002

"En Nigeria, el fallecido General Sani Abacha y sus compinches drenó miles de millones de dólares de la industria petrolera, principal fuente de riqueza del país y que representa 80 por ciento del ingreso gubernamental. La desviación de fondos de las arcas nacionales llevó a un notable deterioro de la infraestructura y los servicios sociales y al borde del colapso a las refinerías de propiedad del estado. El ingreso percápita, que había llegado a los 800 dólares en la década de 1980, descendió a 300 dólares. Cuando este país, rico en petróleo, se vio ante la escasez de combustible y la depresión, el gobierno recurrió a una represión aún mayor para poder permanecer acomodado en su posición ventajosa. Sólo la muerte prematura de Abacha ofreció un poco de oxígeno a la tambaleante economía nigeriana, con extraordinarias dificultades para encontrar la puerta que da acceso a la transparencia en la administración de los asuntos públicos". Esto escribía hace bien poco J. Brian Atwood, cuando era director de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Algunas de las principales actividades de la USAID para combatir la corrupción incluyen: 

Intensificar el conocimiento del costo de la corrupción
Fomentar el buen gobierno
Fortalecer el sector judicial
Reducir el abuso gubernamental sobre la economía

El presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, en declaraciones recientes a los ministros de hacienda y banqueros centrales de más de 170 países, pidió una nueva estructura de desarrollo fundada en "el buen gobierno, la transparencia, la voz, el flujo libre de información y un compromiso para combatir la corrupción".

"La corrupción perjudica el desarrollo económico, entorpece el crecimiento de las instituciones democráticas y obstaculiza la capacidad de los países en desarrollo para atraer inversión extranjera", dijo el antiguo Subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Comerciales y Agrícolas de los EE UU, Stuart E. Eizenstat. 

"Un número cada vez mayor de empresas en todo el mundo son muestran muy sensibles a los riesgos de ser expuestas como corruptas y al revés, a los méritos de hacer negocios con integridad", Afirma Frank Vogl, vicepresidente de Transparencia Internacional.

Pueden adjetivarse dichas declaraciones de mil maneras, pueden matizarse, pero es difícil que en lo fundamental dichos testimonios generen objeciones, no importa la características del interlocutor que las lea o examine. Son declaraciones que se sitúan del lado de la obviedad y no tienen detractores públicos, aunque sí, lamentablemente, burladores privados.

La lucha contra la corrupción, es una asignatura no aprobada en los países en vías de desarrollo en los que la ocupación del estado por camarillas y la apropiación del presupuesto público sigue siendo la mejor opción para el enriquecimiento rápido y personal.

Los acontecimientos recientes en Guinea Ecuatorial con salida del país en una operación rocambolesca, de 4 mil millones de francos Cefa, siguiendo las pautas, con avión incluido, de una novela de trama negra, forma parte de la experiencias más extremas de corrupción. Se abre el Banco Central, se saquean los fondos y se trasladan en avión oficial para desviarlos hacia cuentas privadas.

La corrupción, el mayor azote, de las economías de los países en vías de desarrollo, se nutre del descrédito de todas las instituciones, fraguado a los largo de los años, y en algunos casos de siglos, en la hipocresía generalizada, en las ideologías de reparto, en la demonización del emprendedor y del empresario (al que se le impulsa con numerosa legislación y reglamentos hacia las zonas oscuras de la economía), en la toma del control de todos los resortes de la economía por capas burocráticas ajenas a la energía emprendedora y empresarial, en la asimilación del poder judicial, en la desnaturalización de la libertad de prensa por mil procedimientos y en la mutilación de valores morales y éticos del entorno familiar, grupal y social (sustituidos por el egoísmo neurótico y el desprecio del interés público o general).

Todo sabemos que la corrupción para expandirse necesita ensanchar previamente los mecanismo legales y de fuerza que propenden a la impunidad y que, es lógico, atraen a sujetos de otros países que propenden a dichos mecanismos y se mueven en ellos como pez en el agua. La corrupción se alimenta de más corrupción y convoca a corruptos expandiendo y retroalimentando el proceso. En puridad habría que decir que algunos países, y Guinea Ecuatorial es un ejemplo tópico, viven instalados en economías de monocultivo, se siembra y cosecha corrupción.

Los expertos afirman que son procesos que se pueden invertir, si se involucra a la población en su combate, elevando el sentimiento comunitario, mejorando la percepción de lo público e incorporando el interés general a la escala de valores individuales, como un interés preferente.

En comunidad se expresan los individuos y es en comunidad donde los valores individuales alcanzan toda su dimensión. Si no se dispone de una comunidad que comparte y preserva valores comunes los valores individuales no pueden expresarse.

¿Puede un país incorporar a su gestión pública sistemas de transparencia y éticos? En mi opinión, no solo puede, sino que debe y que se trata del camino más rápido en los países en vías de desarrollo para alcanzar cotas de credibilidad nacional e internacional.

La Organización Transparencia Internacional ha propuesto un Pacto de Integridad con dos misiones:

Permitir a las compañías que se abstengan de sobornar brindándoles seguridades de que sus competidores tampoco recurrirán al soborno, y que los organismos de compra de los gobiernos emprenderán medidas para prevenir toda forma de corrupción, incluso la extorsión, y seguirán procedimientos transparentes;
Permitir a los gobiernos que reduzcan el alto costo y el impacto perjudicial de la corrupción en las compras gubernamentales.

El Pacto de Integridad funciona de la siguiente manera:

Los gobiernos ponen en marcha el pacto de integridad definiendo 'Islas de integridad'. Asuntos públicos donde se aplica el procedimiento.

Los contratistas o proveedores de bienes y servicios elevan sus ofertas con un compromiso firmado por el presidente o ejecutivo principal asegurando que no se ofrecerá o pagará soborno alguno en todas las etapas del proceso.

El gobierno por su parte se obliga a descartar el arreglo de precios y a la no aceptación de sobornos por parte de los funcionarios o responsables implicados.

Los licitadores que violen su compromiso estarán sujetos a sanciones significativas, como retiro o pérdida del contrato, compensación por daños (al gobierno y a los competidores interesados) y la renuncia al depósito de seguridad de la licitación. El gobierno también podría excluir al ofensor, de todo negocio con el gobierno durante un período apropiado, facultando a los licitadores perdedores que tienen pruebas de corrupción por parte de sus competidores o funcionarios del gobierno, para que impongan ellos mismos las sanciones (a través de los tribunales o mediante arbitraje internacional). La medida aumenta la confianza en la integridad del proceso como un todo.

Obligación de que todos los pagos anteriores y los que se intenten en el futuro a terceras partes sean dados a conocer en la etapa de licitación, y que sean registrados y dados a conocer oficialmente durante la etapa de ejecución por la empresa que gana la licitación, con certificación apropiada del ejecutivo principal. Desde luego, hay razones buenas y válidas por las cuales los agentes deberían prestar servicios legítimos. Sin embargo, las comisiones de los agentes son un camino tradicional para ocultar los sobornos.

Certificación por parte de los ejecutivos principales de las empresas licitadoras de las cantidades de los pagos a terceras partes.

A pesar de que el Pacto de Integridad tiene el respaldo de instituciones financieras internacionales importantes --el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, y los representantes de los bancos regionales de desarrollo lo han respaldado, Transparencia Internacional, la entidad que lo anima, se enfrenta al poco entusiasmo que despierta entre empresas y gobiernos. No parece, sin embargo, que exista mejor alternativa para erradicar la corrupción o el comisionismo convulso al amparo del dinero público que tanto perjudica la estabilidad económica y tanto daña a las empresas licitadoras y a la economía mundial al descender el volumen de contratos, proyectos y obra a ejecutar por desfalco de las arcas públicas de los distintos estados. 




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Texto. Ana Camacho


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Malabo Análisis
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